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Galería Beca WWF 2017

Reptiles y anfibios del Chocó: SOS en el paraíso

AUTOR/ES

Jaime Culebras

Estudié Biología y un máster en Educación Ambiental en la Universidad de Extremadura. Tras ello, hace 6 años, emprendí las Américas para realizar otro máster en Biodiversidad y Conservación de Áreas Tropicales en Ecuador. Desde entonces trabajo en este país como investigador, describiendo nuevas especies y como fotógrafo.

Me apasiona todo lo tiene que ver con el mundo natural y en especial las regiones tropicales, las cuales sufren lo peor de la garra humana. Quizás esa inquietud por estos mundos cercanos a la línea ecuatorial se deba a la ruta Quetzal en 2002, un viaje inolvidable que tuve la suerte de realizar.

Tengo la inherente necesidad de viajar con la cámara, tratando de mostrar todo lo que ven mis ojos a través de esta tecnología, la cual nunca debe verse como un fin, sino como una poderosa herramienta en la lucha por la conservación.

Mi objetivo: Cambiar las mentes para que se acerquen al medio ambiente, congelando las formas, colores y secretos de la naturaleza a través de la imagen y la palabra.

INFORME COMPLETO

Ya hace 6 años desde que escuché por primera vez hablar sobre el bosque tropical del Chocó. Allí, conocí a Raúl Nieto, un hombre que hablaba con brillo en los ojos sobre su reserva "Itapoa", enclavada en medio de un bosque primario a 7 horas caminando, en el noroeste de Ecuador. Él me contaba sobre sus ríos cristalinos, árboles centenarios, sus aves, monos, jaguares, los cantos de las ranas por la noche. No mucho después visité el lugar, donde quedé absorto por semejante riqueza. Pero, una parte de mi estaba quebrada. Uno oye hablar de la selva e imagina inmensidades de puro verdor, pero la realidad del mundo es bien distinta. Para llegar al punto donde empezábamos a caminar hacia la reserva, antes había que atravesar horas en coche de vastas extensiones de cultivos de palma africana, mientras por otro lado, las madereras devoraban con gula los inmensos árboles que daban sombra a los ríos de allí. Lo que un día fue vida, ahora eran pobres monocultivos que exhalaban sequía y pesticidas. Fue a partir de la Reforma Agraria de Ecuador, a partir de los años 50, que se inició la devastación del Chocó ecuatoriano. Actualmente se estima que, en Ecuador, sólo queda el 2-4% de este bosque primario.

Esta región, que integra el "HotSpot" Tumbes-Chocó-Magdalena y abarca 274,597 km² desde el Sur de Panamá hasta rozar el norte de Perú, es una de las zonas de mayor valor natural del planeta, con alrededor de 9000 especies de plantas, 830 de aves, 235 de mamíferos, 350 de anfibios y 210 de reptiles. Gran parte de estas especies sólo habitan aquí, es decir, son endémicas, destacando el 60% de endemismo de los anfibios.
Mi mayor interés faunístico desde hace años ha sido los reptiles y anfibios, lo que me ha llevado a querer conocer todos los existentes en el Chocó ecuatoriano, desde el más colorido hasta el menos querido. Estos animales llevan a cuestas una mala reputación, sufriendo matanzas indiscriminadas y un escaso esmero por protegerlos. Pero en mi experiencia, cuando alguien se toma el tiempo de conocer un poco a estos seres, la percepción hacia ellos cambia de manera radical, desde el desprecio hacia la curiosidad, incluso admiración.

Tras años viajando por Ecuador y haber conocido casi todas las especies de reptiles y anfibios del Chocó ecuatoriano, he podido describir con otros investigadores 3 nuevas especies de ranas de esta región: Hyloscirtus mashpi, Pristimantis buenaventura y Pristimantis nietoi, esta última dedicada a Raúl, por su esmero en la lucha por la conservación del Chocó. Pero, ¿en qué quedan esas publicaciones donde abundan términos técnicos incomprensibles? ¿cuántas personas leen estas revistas de ciencia? ¿cómo alcanzar a las masas sobre estos importantes descubrimientos y la importancia de los reptiles y anfibios? ¿cómo motivar a la sociedad a proteger estos animales y el Chocó? ¿Qué pasa con el Chocó en Colombia y Panamá?

Todas estas preguntas me llevan siempre a lo mismo: "Una imagen vale más que mil palabras" y "No se protege lo que no se conoce". Y es así como, este año, en cada viaje, he querido llevar siempre de la mano la investigación y la fotografía, pues el conocimiento (la investigación) es el motor de la conservación y la divulgación (la fotografía) la vía que transmite ese conocimiento.
Usando la fotografía como herramienta de atención, he ido captando y mostrando la belleza e importancia de estos animales en el maltrecho Chocó, incluyendo, desde el 2017, Colombia y Panamá.
Detalles de pieles y ojos, intimidades, paisajes de ensueño. Cada parte y momento en cada especie tiene un valor incalculable que puede cambiar una mente, desde el desprecio hacia el amor a estos seres, sin excepción. Para ello ha hecho falta llegar a remotos lugares por tierra, mar y aire, bajo días y días de intensas lluvias, calor y frustraciones, pues las regiones tropicales son áreas donde la logística para fotografiar se entrecruza con mil inconvenientes.

Pero, paso a paso, las especies más emblemáticas y bellas han aparecido frente a la cámara, siendo algunas de ellas casi inexistentes en registros fotográficos. Místicas Iguanas marinas de las Galápagos, serpientes como la enorme y elusiva Verrugosa (la víbora más grande del mundo) descansando en la hojarasca de los bosques del Darién, ranas cristales invisibles que pasan desapercibidas entre el follaje de los árboles ribereños de los bosques primarios, cromáticas ranas venenosas que cantan de día bajo la sombra del bosque mientras cargan a sus renacuajos en la espalda y los casi extintos Atelopus procreando en las riveras de pequeños afluentes.
Todas esas investigaciones y fotografías no hubieran sido posible sin la colaboración de un sinfín de organizaciones, comunidades y personas que viven su día a día en el campo y quienes siempre se mostraron receptivos a organizar charlas y acompañarme en mis viajes para aprender sobre la importancia de los reptiles y anfibios y de su valioso hogar chocoano.
Es asombroso ver cuán útiles son las charlas divulgativas mediante la fotografía y el contacto directo con estos animales. He podido comprobar con absoluto éxito como, cuando les introduces la curiosidad de la naturaleza a quienes durante toda una vida han odiado o temido a los reptiles y anfibios, cambian su manera de pensar y transforman sus mentes en plena admiración y ganas de preservar las especies.

Lamentablemente, la cara oscura de la degradación de este ecosistema siempre está presente. Junto a los cultivos de Palma africana y las madereras, se suman mineras, cultivos ilegales de coca, sin olvidar las camaroneras que merman los manglares costeros. Y en todo ello, siempre está presente un factor común: Una menor accesibilidad hacia nuestro recurso más preciado, el agua, una atroz verdad en el lugar de mayor pluviosidad del planeta: El Chocó.

¿Y ahora qué?
La lucha no acaba. Es hora de seguir descubriendo y divulgando el mundo de los reptiles y anfibios del Chocó a través, no sólo de la fotografía, sino continuando con los cursos, charlas y conferencias, en colaboración además con grupos agricultores del cacao y grupos de música de marimba, quienes van sintiendo el apego por estos pequeños animales que habitan en el Chocó. Son muchas las especies que continúan desapareciendo poco a poco y requieren ser estudiadas y retratadas para presentarlas al mundo, incluyendo las todavía desconocidas por la ciencia.

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